La reforma de la Carta Orgánica de San Carlos de Bariloche constituye una oportunidad histórica para superar la fragmentación jurisdiccional.
La Reforma de la Carta Orgánica de Bariloche: Una Oportunidad Metropolitana
¿Por qué es importante la gobernanza metropolitana en la coyuntura actual? Abordar la gestión de nuestras áreas metropolitanas implica hablar de futuro y proyectar el desarrollo sostenible de nuestras comunidades. Cuando las dinámicas socioeconómicas y la ocupación del suelo trascienden los límites administrativos formales, la gobernanza metropolitana emerge no solo como un enfoque teórico, sino como una herramienta imprescindible de gestión pública para coordinar aspectos que nos son comunes a todos: la gestión de los residuos sólidos urbanos (GIRSU), el saneamiento de un recurso hídrico o la articulación del sistema turístico regional.
Esta pregunta encierra además un interrogante profundo sobre la sustentabilidad demográfica de la región: ¿cuánta juventud (futuro) estamos dispuestos a ceder hacia centros de mayor oferta académica y laboral, y cuántos profesionales podemos atraer y repatriar en el territorio para que vuelquen su conocimiento, experiencia e innovación en la región?
El Nodo Cordillerano en la Patagonia Andina
En el entramado urbano de la Patagonia Andina identificamos dos subsistemas que, integrados, forman una región de escala intermedia. Bariloche que tiene raíz de pueblo, pero se ha consolidado como una ciudad intermedia con funciones de centralidad regional, mientras que aglomerados contiguos como El Bolsón, en la Comarca Andina, ha experimentado una tasa de crecimiento poblacional sostenida en los últimos 15 años.
La mayoría de las ciudades argentinas revisten la condición de ciudades intermedias, y es precisamente en esta escala donde radica la oportunidad estratégica de planificar el ordenamiento territorial de nuestro país.
Bariloche frente a su momento refundacional
Bariloche va a las urnas este 1° de noviembre para elegir a los Convencionales Constituyentes que tendrán la tarea de reformar su Carta Orgánica. Si bien es una carta orgánica moderna, se sancionó en 2001, es ponderable el interés de actualizarla, considerando otras cartas orgánicas más antiguas como la de Córdoba (1995) o de Rosario (1998), fechas en las que aún no existían las redes sociales. Por lo tanto, el actual contexto demanda incorporar dimensiones de gobernanza digital, inteligencia artificial aplicada a la gestión urbana y, fundamentalmente, la dimensión metropolitana.
EL debate sobre la reforma de su Carta Orgánica no debe reducirse a una discusión técnico-jurídica en abstracto; sino que debe orientarse a responder una pregunta cotidiana: ¿A qué escala vive la gente de esta región? El habitante que duerme en Dina Huapi, trabaja en el centro de Bariloche y pasa el fin de semana en El Bolsón o Villa La Angostura, no cambia de vida cuando cruza un cartel municipal. Sin embargo, nuestras instituciones continúan gestionando el territorio con esquemas fragmentados y rígidos.
San Carlos de Bariloche, Dina Huapi y porque no, Pilcaniyeu conforman el Nodo Cordillerano del Área Metropolitana Andina. Si no diseñamos herramientas metropolitanas hoy, los problemas de transporte público interurbano, de desarrollo productivo y uso del suelo van a seguir devorándose los presupuestos municipales porque, insistimos con esto, tenemos herramientas diseñadas para otro siglo y para sociedades con necesidades y tamaños distintos a los actuales.
Bariloche, en su rol de ciudad cabecera, tiene una oportunidad única de liderar la inclusión de cláusulas de coordinación interjurisdiccional, fijando los cimientos institucionales para la elaboración de un Plan Estratégico Metropolitano.
Catalizadores para un Capítulo Metropolitano en la Carta Orgánica
Para operacionalizar la dimensión metropolitana en el texto constitucional, se proponen los siguientes ejes rectores:
Delimitación del área metropolitana. Definición clara del continuo urbano-regional. Cabe considerar su alcance interprovincial, contemplando la vinculación funcional y ecosistémica con Villa La Angostura (Neuquén), con la que se comparte la cuenca del Lago Nahuel Huapi y un perfil productivo-turístico común, configurando un Área Metropolitana Biprovincial.
Construcción de una Agenda Metropolitana Participativa: Institucionalización de instancias multisectoriales que incluyan la participación de la sociedad civil y el sector privado. La legitimidad social es la condición de posibilidad para la sostenibilidad de las políticas públicas regionales.
Cláusula de Interjurisdiccionalidad: habilitar la creación de Agencias o Entes de Coordinación Metropolitana, con posibilidad de delegar competencias provinciales y/o municipales en un Ente Regional que articule la resolución de problemas compartidos: el sistema integral de vertedero, la conectividad aeroportuaria/terrestre y la gestión del riesgo frente a incendios forestales.
Instrumentos de Financiamiento: incorporación de instrumentos para la captación de plusvalías urbana e incentivos fiscales regionales destinados a fondear obras de infraestructura sin comprometer el presupuesto operativo del Ente o de los municipios que integran el área metropolitana.
Avanzar en la institucionalización metropolitana no implica resignar la identidad ni la autonomía municipal; por el contrario, presupone articular una ingeniería institucional bottom-up (de abajo hacia arriba) fundada en el principio de cooperación horizontal intermunicipal, donde el estado provincial participe como un actor en red en lugar de un articulador jerárquico.
En síntesis, la gestión metropolitana para el desarrollo regional exige superar la competencia improductiva entre municipios vecinos y posicionar al territorio como un destino bio-regional integrado, dotado de gobernanza eficiente, conservación del patrimonio natural y marca territorial compartida.
María Lorena Carballo/Ciudadanía Metropolitana


