Ciudadanía Metropolitana

Áreas metropolitanas: respuestas para un cambio de escala

Te compartimos una nota de opinión del arquitecto Celestino García Braña publicada en el sitio de noticias “La Voz de Galicia”, donde reflexiona sobre la urgencia de “encontrar el camino y los medios adecuados para la gobernanza de tales problemas y dimensiones (lo metropolitano)”. A continuación sigue el artículo periodístico.

La Voz de Galicia publicó hace un par de semanas una noticia que, no por conocida, dejaba de ser muy llamativa. En síntesis, daba cuenta de que diariamente trescientas mil personas entran y salen de las ciudades de A Coruña y Vigo en coche. No se trata de un simple dato curioso. Al contrario, es un reflejo muy significativo —la punta del iceberg— de una realidad que se ha venido desbordando en los últimos años y tiene ya una profunda trascendencia en nuestras vidas y seguirá teniéndola, aceleradamente, en las próximas décadas. Conocemos sus causas: es consecuencia de la intensa interacción surgida en el interior de unos territorios en los que sobresale la presencia de una ciudad importante que irradia su influencia como polo de atracción sobre los territorios limítrofes.

Y lo ha hecho superando las que, hasta no hace mucho, fueron barreras naturales que habían contribuido a individualizar núcleos de población, parroquias, barrios y municipios claramente identificables pero que hoy aparecen amalgamados en un continuum que anula progresivamente aquellas diferencias identitarias, sirviéndose para ello de una densa y diversificada red de comunicaciones en la que coches y trenes compiten por acercar territorios y personas.

La forma en que este proceso se ha desarrollado ha seguido pautas similares en territorios próximos y lejanos, aunque no idénticas, lo que permite aprender de otras experiencias, pero no autoriza a mimetizar las respuestas. Exige, por tanto, en cada caso, buena información, análisis profundos y una apreciable dosis de creatividad en las propuestas finales. Creo que conviene tener esto muy presente.

Y en ese continuo habitado, en el que la distancia ha dejado, en buena medida, de ser un obstáculo, buscamos satisfacer las más diversas necesidades: los niños van en autobús a sus centros escolares; nos desplazamos kilómetros para consultar nuestros problemas de salud; recorremos distancias considerables para participar en una actividad deportiva o asistir a un espectáculo, del mismo modo que para acceder a un supermercado o a un gran centro comercial; incluso encontrar vivienda requiere ampliar la búsqueda hasta distancias antes insospechadas.

Y algo más: la gestión de determinados equipamientos y servicios —agua, basuras y residuos, fuentes de energía o estrategias de protección ambiental— obliga a incluir grandes superficies para alcanzar la rentabilidad y eficacia que reclaman sus cuantiosas inversiones. Se llega así a la conclusión de que, o se abordan en conjunto, o no tendrán una solución satisfactoria.

Con esto llegamos al doble núcleo del problema: aquello que se produce en una dimensión territorial amplia no encontrará solución en el reducido ámbito municipal y, simultáneamente, los problemas derivados de un desarrollo acelerado —en el que cada concello sigue aspirando a aumentar el número de sus habitantes en una irreflexiva carrera sin fin— avanzan más deprisa que la eficacia de las actuales instituciones políticas encargadas de resolverlos. Bien sabemos que aquí tampoco la procrastinación es la estrategia apropiada.

En consecuencia, encontrar el camino y los medios adecuados para la gobernanza de tales problemas y dimensiones parece exigir cauces administrativos y políticos apropiados. Y no es una responsabilidad exclusiva de aquellos a quienes, a veces injusta y despectivamente, llamamos «los políticos»; creo que nos incumbe a todos.

El cambio de escala al que hemos contribuido, como consecuencia de un desarrollo que abre numerosos interrogantes, obliga también a dotarnos de otros niveles de gobierno o a replantear los ya conocidos: municipio, área metropolitana, diputación, autonomía… Instancias en las que no perdamos el sentido de pertenencia y en las que los ciudadanos podamos movernos con participativa naturalidad.

Sí, es verdad, muy difícil, pero inexcusable.

Fuente: La Voz de Galicia – Foto: Usuario Cqui Wikimedia Commons